Por qué no me puedo calmar?

7 octubre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

 

La regulación emocional puede definirse como toda estrategia dirigida a mantener, aumentar o suprimir un estado afectivo en curso, es decir es la capacidad para manejar las emociones y así poderlas controlar.

La autorregulación emocional, por tanto, es la capacidad que tenemos las personas para manejar con acierto nuestras propias emociones. Una persona que no puede autorregularse, es una persona que no tiene control de sus emociones: no controla su tristeza, ni su alegría, ni su enfado,…

¿De qué depende que las persones puedan autorregular sus emociones? Pues de varias cosas. La primera y la más importante es de cómo sus padres le calmaban cuando era pequeño. Los bebés aprenden a calmarse a través de sus padres. El bebé irá interiorizando cómo calmarse a través de cómo sus padres lo calmaban cuando era niño, de manera que poco a poco y a medida que vaya madurando sabrá hacerlo él solo. Así que, si mis padres no eran habilidosos en esta tarea, o no pudieron serlo por algún motivo (situaciones difíciles que vivía la familia en ese momento, traumas de los padres, enfermedad mental de alguno de los padres, etc), es posible que este bebé cuando se convierta en adulto tanga problemas en su autorregulación (capacidad para calmar sus emociones).

La autorregulación emocional también depende de las experiencias en la vida que esta persona haya tenido. A más trauma desde la infancia, peor autorregulación. Es decir, que si una persona ha pasado por varias situaciones traumáticas desde su infancia, es más difícil que pueda haber un correcto manejo de las emociones cuando sea adulto.

La genética y la biología también juegan un papel en este aspecto. Cada persona es diferente, por eso, no todo el mundo responde emocionalmente de la misma manera ante una misma experiencia.

¿Qué consecuencias puede tener que una persona no se sepa autorregular? Pues que tendrá la sensación de no poder controlar sus emociones y esto puede llevar a situaciones de desesperación, malestar emocional intenso, impulsividad, y en algunos casos la necesidad de acudir a autorreguladores externos para conseguir calmarse, como por ejemplo las adicciones.

Las adicciones, sean del tipo que sean (drogas, alcohol, compras, parejas,…) lo que consiguen es calmarnos, pero sólo a corto plazo. A largo plazo provocan mucho malestar, porque nos convierten en esclavos, y sus consecuencias son nefastas para nuestra salud (física y mental).

Aquí tenéis un ejemplo de lo que pasa cuando nos salimos de nuestra ventana de tolerancia al estrés. Nuestra ventana de tolerancia al estrés (zona de activación óptima), contiene la cantidad de estrés que podemos tolerar sin desestabilizarnos. Cuando nos salimos de nuestra ventana, perdemos el control (hiperactivación o hipoactivación). Cada ventana de tolerancia es diferente para cada persona (y depende de los factores que he comentado antes). Lo que está claro es que cuanto más ancha sea mi ventana de tolerancia (mi zona de activación óptima), mejor, ya que eso significa que puedo tolerar más estrés sin desbordarme emocionalmente. La buena noticia es que esta ventana de tolerancia se puede hacer más ancha, trabajando los traumas vividos y aprendiendo recursos para gestionar el estrés:

Ventana de tolerancia al estrés

Ventana de tolerancia al estrés

 

 

Autora: Sonia Farelo Aguilar (psicóloga) 


El desequilibrio relacional (en la pareja)

4 octubre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

 

En toda pareja existe lo que los psicólogos llaman “la paradoja de la pasión”, es decir la coexistencia de una necesidad de fusión (acercamiento) y una necesidad de autonomía (distancia). La necesidad de fusión se manifiesta particularmente durante la luna de miel, que dura de 12 a 14 meses desde el punto de vista bioquímico, y de 2 a 3 años desde el punto de vista psicoemotivo. Durante este periodo, los dos miembros de la pareja desean estar juntos el máximo tiempo posible; discuten continuamente y hacen frecuentemente el amor. Pero llega un día en que uno de los dos siente que ha “adquirido” por fin a su pareja. Disminuyen entonces sus conductas de seducción para implicarse más en otras dimensiones de la vida, provocando involuntariamente en la otra persona un deseo de acercamiento para sentirse más seguro. Cuando este desequilibrio es acentuado, uno de los dos miembros busca la presencia del otro, mientras que el otro tiene cada vez más la impresión de que su pareja quiere asfixiarle. En las parejas felices, ninguno de los miembros de la pareja se siente abandonado o “atrapado”.

Para saber si vuestra relación de pareja está sumida en un desequilibrio, responde espontáneamente a las preguntas siguientes, con un “sí” o con un “no”:

  1. ¿Uno de los dos es posesivo o celoso?
  2. ¿Uno de los dos está muy a menudo a la espera del otro?
  3. ¿Uno de los dos es considerado como el bueno y el otro como el malvado?
  4. ¿Uno de los dos hace más esfuerzos para establecer la comunicación?
  5. ¿Uno de los dos dice “te quiero” o “¿me quieres?” más a menudo que el otro?
  6. En público, ¿uno de los dos llama fácilmente la atención del sexo opuesto, mientras el otro se siente molesto o avergonzado por la conducta de su cónyuge?
  7. ¿Haces el amor por obligación o para complacer al otro?
  8. ¿Uno de los dos dice a menudo: “Nunca hacemos nada juntos”?
  9. En presencia de amigos, ¿uno de los dos se siente apartado mientras el otro se siente vigilado?
  10. ¿Uno de los dos le da más importancia a su carrera o a sus hijos que a su cónyuge?
  11. ¿Uno de los dos acusa al otro de buscar problemas donde no los hay?
  12. Cuando estáis a solas, ¿tenéis problemas para mantener la conversación?
    1. Si no estáis casados, ¿uno de los dos plantea a menudo la cuestión del compromiso?
    2. Si estáis casados (o conviviendo), ¿uno de los dos evoca a menudo la posibilidad de tener hijos (o un hijo más)?
  13. Cuando os peleáis, ¿uno de los dos se hace tratar de egocéntrico, egoísta o indiferente, mientras el otro es acusado de ser posesivo, exigente o pesado?

 

Suma tus “sí”…………….. y tus “no”………………

 

Resultados:

  • Si has contestado “no” a todas estas preguntas, probablemente estéis todavía en plena luna de miel. Seguid disfrutándolo, pero no olvidéis que un día u otro la pasión pasará y comenzará una cierta lucha por el poder.
  • Si tienes entre 1 y 3 “sí” y vivís juntos desde hace más de 5 años: ¡bravo! Habéis aprendido a repartir muy bien el poder y a mantener un mínimo, si no un máximo, de pasión entre los dos.
  • Si tienes entre 3 y 8 “sí”, vivís seguramente altibajos en vuestra relación, como toda pareja normal. Pero tened cuidado con la tendencia a la baja.
  • Si tienes más de 8 “sí”, y con más razón si tienes por encima de 10, os invito a consultar a un terapeuta conyugal, porque probablemente uno de los dos se ahoga en esta relación mientras el otro se siente totalmente incomprendido. Entonces es muy posible que uno de los dos, esté pensando seriamente en la separación. No te culpabilices, no es culpa tuya, ni de tu pareja; los únicos culpables son “la paradoja de la pasión” y vuestra dificultad de comunicación debida a vuestro desconocimiento recíproco de esta paradoja y de las diferencias que os separan. Eso sí, cuanto más tiempo esperéis antes de abordar en serio este desequilibrio, más difícil será restablecer el equilibrio.

 

 

FUENTE: Cuaderno de ejercicios de las parejas felices. Yvon Dallaire

 


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