SÍNTOMAS DE LA DEPRESIÓN

12 diciembre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

 

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A pesar de que estos síntomas son característicos de la depresión, debe valorarse también su duración e intensidad, para poder diagnosticar si existe clínicamente depresión y cuál es la gravedad (leve, moderada o severa). Sólo un profesional de la salud mental (psiquiatra, psicólogo) podrá hacer un buen diagnóstico. Frecuentemente, cuando la depresión es grave, la medicación forma parte del tratamiento:

  • Disminución de la atención y de la concentración
  • Predisposición al llanto
  • Ensimismamiento
  • Sentimiento de culpabilidad
  • Episodios de pérdida de la memoria (incluso algo de amnesia)
  • Intensos sentimientos de tristeza y abatimiento
  • Autopercepción de inutilidad y poca valía
  • Pérdida de interés por las actividades preferidas
  • Incapacidad de experimentar sensaciones positivas
  • Sentimientos de pesimismo y desesperanza
  • Pérdida de confianza en sí mismo
  • Sentimiento de inferioridad
  • Cambios en los patrones de sueño (descenso o aumento)
  • Irritabilidad mayor de lo habitual
  • Somatización (dolor y sensaciones corporales que no tienen origen físico)
  • Empeoramiento matutino del estado de ánimo
  • Incapacidad para tomar decisiones
  • Resentimiento y frustración
  • Perspectiva sombría de futuro
  • Sentimiento de inferioridad e incapacitación
  • Descenso de los niveles de energía y vitalidad
  • Pérdida de autoconfianza y autoestima
  • Rechazo al propio cuerpo (se ven gordos, o delgados, o feos, o bajos,…)
  • Sentimientos de culpabilidad y vacío interior
  • Ideas suicidas recurrentes…e intentos de suicidio
  • Agorafobia (temor a salir de casa, aún acompañados)
  • Ataques de pánico (miedo a morir súbitamente)

Síntomas físicos:

  • Fatiga, cansancio y agotamiento
  • Alteración del apetito
  • Variación de peso
  • Disminución de la libido (deseo sexual)
  • Dolor de cabeza y estómago sin causas específicas
  • Insomnio o excesiva somnolencia
  • Ralentización en los movimientos
  • Vómitos y náuseas
  • Trastornos respiratorios
  • Temblores y sudoración

Vídeo: “¿Qué sienten las personas con depresión y cómo curarla?” 

En el caso de que estas pautas no resuelvan el problema, las personas afectadas por depresión, deben plantearse la posibilidad de que en su mente haya algún suceso desencadenante no procesado (atascado) que impide su recuperación. Las terapias de neuroprocesamiento (EMDR, Brainspotting) son útiles para superar la depresión en estos casos.

 


Tus relaciones con los demás como adult@

10 diciembre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

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El vínculo que un bebé mantiene con sus cuidadores (apego) durante los primeros años de su vida (y más en concreto con su madre) son determinantes para un desarrollo óptimo de la personalidad de ese niño.

Las experiencias con los cuidadores durante la primera infancia, niñez y adolescencia son importantísimas para saber cómo se desarrollará ese niño en el mundo. Cuanto más estable haya sido ese vínculo con sus progenitores, más seguridad sentirá ese niño para abrirse al mundo. Ganará confianza es sí mismo y en los demás. Si no se establece un vínculo seguro con sus cuidadores, entonces el niño pasará a desarrollar otro tipo de vinculación menos adaptativa (pudiendo llegar a ser muy dañina para sus futuras relaciones con los demás y consigo mismo). Estos tipos de apego desadaptativos e inseguros son: el de evitación, el ambivalente o el desorganizado.

Además del comportamiento de la madre con el niño, también afectaran otros factores en su desarrollo, tales como: el entorno en el que crece, la inestabilidad económica de la familia, tipo de relación que mantengan los padres entre ellos, número de hermanos, etc.

Un apego seguro aumenta significativamente la probabilidad de que el niño desarrolle cualidades muy positivas, como son: una alta inteligencia, un rendimiento académico favorable, una autoestima sana, la capacidad para empatizar con los demás (que facilitará crear i mantener relaciones sanas), la expresión de emociones positivas, la habilidad para la solución de conflictos, una futura relación de pareja de calidad,… El apego inseguro se relaciona, en cambio, con problemas como la ansiedad, depresión, retraimiento social (falta de habilidad para establecer relaciones sociales), conductas agresivas, baja tolerancia a la frustración, problemas de salud mental graves…

Los adultos que han tenido un cuidador que les ha proporcionado un apego seguro (haciéndoles sentir seguros durante su infancia y proporcionándoles una regulación adecuada de las emociones) tendrán más facilidad para establecer relaciones sociales de todo tipo, pero lo más importante es que serán relaciones sanas. Esto a su vez, hará que reciban de los demás una mayor respuesta de apoyo, creándose así un círculo positivo que se irá retroalimentando.

Un adulto con apego seguro busca la proximidad de los demás, no es celoso ni desconfiado y mantiene relaciones que se caracterizan por el bienestar, la confianza y la amistad.

En definitiva, los problemas de apego durante la infancia no son patológicos en sí mismos, pero frecuentemente se observa que constituyen la base de trastornos que sí pueden llevar a la psicopatología en la edad adulta. Por ejemplo son habituales los trastornos de la personalidad cuando en la infancia no ha habido un apego seguro con los cuidadores.

Los adultos que han podido confiar en sus padres, posteriormente se caracterizan por confiar en los demás y buscar la proximidad del otro. Estos individuos presentan menos sintomatología depresiva, ansiosa, menor consumo de drogas (u otras adicciones), menos trastornos de alimentación y de personalidad. En cambio, un individuo cuyos padres hayan sido rechazantes y siente que de alguna forma no supieron quererle, es probable que haya desarrollado un “modelo del yo” en el que se percibe a sí mismo como insignificante para los demás e incapaz de obtener amor, afectando esto enormemente a sus posteriores relaciones interpersonales, y acabar casi con certeza, estableciendo relaciones de pareja muy patológicas.

Las terapias de neuroprocesamiento (tales como el EMDR o el Brainspotting), ayudan a desbloquear estos recuerdos de la infancia que se mantienen en la mente de la persona con un apego inseguro o desorganizado, y facilitan que pueda aprender nuevos esquemas de vinculación, más adaptativos, para poder mantener relaciones interpersonales más sanas.


Fobias

6 diciembre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

fobia2Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad que se caracteriza por un miedo intenso, desproporcionado e irracional ante objetos o situaciones concretas, es decir, es un temor fuerte e incontrolable hacia algo que representa poco o ningún peligro real para la persona. No es sencillamente un miedo…una fobia es mucho más, puesto que los miedos son emociones adaptativas que permiten alertarnos de un peligro real para nosotros. Las fobias en cambio no son adaptativas, sino que son miedos distorsionados. Una persona puede sentirse extremadamente ansiosa o tener un ataque de pánico cuando es expuesta al objeto fóbico.

Las personas con fobias intentan evitar lo que les provoca miedo. Si eso no es posible, pueden sentir:

  • Pánico y miedo incontrolable
  • Taquicardia, cuando el corazón late muy rápido
  • Falta de aire
  • Temblores
  • Un fuerte deseo de huir

En general, las fobias comienzan en la niñez o en la adolescencia y continúan durante la edad adulta. Las causas de las fobias no se comprenden bien todavía pero sí se sabe que generalmente suelen estar asociadas a algún suceso traumático. El objeto fóbico se asoció al sufrimiento provocado por alguna situación vivida como traumática (porque ese objeto fóbico apareció por allí mientras se vivía esa situación traumática).

El tratamiento ayuda a la mayoría de las personas con fobias. Entre las opciones se encuentran medicamentos, psicoterapia o ambas. Pero lo más efectivo para superar una fobia es, sin duda, la psicoterapia.

Las fobias más comunes son, entre otras, el miedo a:

  • Sangre, inyecciones y otros procedimientos médicos
  • Ciertos animales (por ejemplo, perros o serpientes)
  • Espacios encerrados
  • Volar
  • Lugares altos
  • Insectos o arañas
  • Relámpagos

Estar expuesto al objeto de la fobia o incluso pensar en estar expuesto a dicho objeto provoca una reacción de ansiedad que va en aumento.

Este miedo o ansiedad es mucho más fuerte que la amenaza real. Es decir, el objeto fóbico no es peligroso para la persona, pero ella lo vive como si fuera un peligro real.

Se puede experimentar sudoración excesiva, tener problemas para controlar los músculos o las acciones, o frecuencia cardíaca rápida.

La tendencia de acción de las personas que padecen fobias es la evitación. Es la estrategia que utilizan para poder seguir con su rutina. Aun así, este tipo de evasión puede interferir con el trabajo y la vida social, llegando a provocar serios problemas en sus vidas.


La regulación emocional

25 noviembre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

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La regulación emocional puede definirse como toda estrategia dirigida a mantener, aumentar o suprimir un estado afectivo en curso, es decir es la capacidad para manejar las emociones y así poderlas controlar.

La autorregulación emocional, por tanto, es la capacidad que tenemos las personas para manejar con acierto nuestras propias emociones. Una persona que no puede autorregularse, es una persona que no tiene control de sus emociones: no controla su tristeza, ni su alegría, ni su enfado,…

¿De qué depende que las persones puedan autorregular sus emociones? Pues de varias cosas. La primera y la más importante es de cómo sus padres le calmaban cuando era pequeño. Los bebés aprenden a calmarse a través de sus padres. El bebé irá interiorizando cómo calmarse a través de cómo sus padres lo calmaban cuando era niño, de manera que poco a poco y a medida que vaya madurando sabrá hacerlo él solo. Así que, si mis padres no eran habilidosos en esta tarea, o no pudieron serlo por algún motivo (situaciones difíciles que vivía la familia en ese momento, traumas de los padres, enfermedad mental de alguno de los padres, etc), es posible que este bebé cuando se convierta en adulto tanga problemas en su autorregulación (capacidad para calmar sus emociones).

La autorregulación emocional también depende de las experiencias en la vida que esta persona haya tenido. A más trauma desde la infancia, peor autorregulación. Es decir, que si una persona ha pasado por varias situaciones traumáticas desde su infancia, es más difícil que pueda haber un correcto manejo de las emociones cuando sea adulto.

La genética y la biología también juegan un papel en este aspecto. Cada persona es diferente, por eso, no todo el mundo responde emocionalmente de la misma manera ante una misma experiencia.

¿Qué consecuencias puede tener que una persona no se sepa autorregular? Pues que tendrá la sensación de no poder controlar sus emociones y esto puede llevar a situaciones de desesperación, malestar emocional intenso, impulsividad, y en algunos casos la necesidad de acudir a autorreguladores externos para conseguir calmarse, como por ejemplo las adicciones.

Las adicciones, sean del tipo que sean (drogas, alcohol, compras, parejas,…) lo que consiguen es calmarnos, pero sólo a corto plazo. A largo plazo provocan mucho malestar, porque nos convierten en esclavos, y sus consecuencias son nefastas para nuestra salud (física y mental).

Aquí tenéis un ejemplo de lo que pasa cuando nos salimos de nuestra ventana de tolerancia al estrés. Nuestra ventana de tolerancia al estrés, contiene la cantidad de estrés que podemos tolerar sin desestabilizarnos. Cuando nos salimos de nuestra ventana, perdemos el control (hiperactivación o hipoactivación). Cada ventana de tolerancia es diferente para cada persona (y depende de los factores que he comentado antes). Lo que está claro es que cuanto más ancha sea mi ventana de tolerancia, mejor, ya que eso significa que puedo tolerar más estrés sin desbordarme emocionalmente. La buena noticia es que esta ventana de tolerancia se puede hacer más ancha, trabajando mis traumas y aprendiendo recursos para gestionar el estrés:

ventana de tolerancia al estrés


Superar heridas emocionales

27 octubre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

 

Algunas personas prefieren no hablar de sus heridas emocionales. Piensan que si no hablan, no sentirán dolor. Pero lo cierto es que las heridas emocionales no funcionan así. Al igual que una herida física, si una herida emocional no se toca y se deja abierta, puede ocurrir que se infecte, que se haga más grande y termine afectando a otras zonas de mi cuerpo (en el caso de las heridas emocionales sería a otros ámbitos de mi vida).

Por otro lado, si hacemos eso de no querer tocar nuestras heridas, lo que acaba pasando es que el dolor es tan grande, que necesitaremos utilizar algún tipo de anestesia para dejar de sentir ese dolor; algún recurso que me distraiga de este dolor tan insoportable que siento. Aquí es cuando empiezan a aparecer las adicciones y otras conductas desadaptativas (juego, drogas, alcohol, compras, desórdenes alimenticios, etc).

La función de las adicciones, no deja de ser la de anestesiar el dolor emocional provocado por alguna situación vivida en la vida y que no se ha superado. La herida que queda, y que se intenta ignorar, se va haciendo cada vez más grande y dolorosa, por lo que cada vez la persona necesitará aumentar su dosis de anestesia (adicción) para no sentir este mal.

Desgraciadamente, la anestesia no cura, sólo calma, adormece, pero eso no es lo que necesitamos para dejar de sentir este dolor emocional tan grande.

Está claro que para curar una herida (física o emocional), necesitamos tocarla … y esto implica un cierto dolor. Pero la terapia psicológica hará que cada vez ese dolor vaya a menos, hasta que consigamos curar la herida y cicatrizarla.

La buena noticia es que las cicatrices no hacen daño, sólo sirven para recordar que allí sufrimos mucho, pero que ahora, en nuestro presente, esto ya no está pasando.

Superar un trauma significa eso: dejar de sufrir por un suceso de mi pasado, que ya no está presente. No es necesario olvidar (de hecho, no se puede), sólo hay que dejar de sufrir.

 

Autora: Sonia Farelo Aguilar (psicóloga)


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