La regulación emocional

25 noviembre, 2015   /    Sin categoría @es   /    no comments

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La regulación emocional puede definirse como toda estrategia dirigida a mantener, aumentar o suprimir un estado afectivo en curso, es decir es la capacidad para manejar las emociones y así poderlas controlar.

La autorregulación emocional, por tanto, es la capacidad que tenemos las personas para manejar con acierto nuestras propias emociones. Una persona que no puede autorregularse, es una persona que no tiene control de sus emociones: no controla su tristeza, ni su alegría, ni su enfado,…

¿De qué depende que las persones puedan autorregular sus emociones? Pues de varias cosas. La primera y la más importante es de cómo sus padres le calmaban cuando era pequeño. Los bebés aprenden a calmarse a través de sus padres. El bebé irá interiorizando cómo calmarse a través de cómo sus padres lo calmaban cuando era niño, de manera que poco a poco y a medida que vaya madurando sabrá hacerlo él solo. Así que, si mis padres no eran habilidosos en esta tarea, o no pudieron serlo por algún motivo (situaciones difíciles que vivía la familia en ese momento, traumas de los padres, enfermedad mental de alguno de los padres, etc), es posible que este bebé cuando se convierta en adulto tanga problemas en su autorregulación (capacidad para calmar sus emociones).

La autorregulación emocional también depende de las experiencias en la vida que esta persona haya tenido. A más trauma desde la infancia, peor autorregulación. Es decir, que si una persona ha pasado por varias situaciones traumáticas desde su infancia, es más difícil que pueda haber un correcto manejo de las emociones cuando sea adulto.

La genética y la biología también juegan un papel en este aspecto. Cada persona es diferente, por eso, no todo el mundo responde emocionalmente de la misma manera ante una misma experiencia.

¿Qué consecuencias puede tener que una persona no se sepa autorregular? Pues que tendrá la sensación de no poder controlar sus emociones y esto puede llevar a situaciones de desesperación, malestar emocional intenso, impulsividad, y en algunos casos la necesidad de acudir a autorreguladores externos para conseguir calmarse, como por ejemplo las adicciones.

Las adicciones, sean del tipo que sean (drogas, alcohol, compras, parejas,…) lo que consiguen es calmarnos, pero sólo a corto plazo. A largo plazo provocan mucho malestar, porque nos convierten en esclavos, y sus consecuencias son nefastas para nuestra salud (física y mental).

Aquí tenéis un ejemplo de lo que pasa cuando nos salimos de nuestra ventana de tolerancia al estrés. Nuestra ventana de tolerancia al estrés, contiene la cantidad de estrés que podemos tolerar sin desestabilizarnos. Cuando nos salimos de nuestra ventana, perdemos el control (hiperactivación o hipoactivación). Cada ventana de tolerancia es diferente para cada persona (y depende de los factores que he comentado antes). Lo que está claro es que cuanto más ancha sea mi ventana de tolerancia, mejor, ya que eso significa que puedo tolerar más estrés sin desbordarme emocionalmente. La buena noticia es que esta ventana de tolerancia se puede hacer más ancha, trabajando mis traumas y aprendiendo recursos para gestionar el estrés:

ventana de tolerancia al estrés

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